sábado, 24 de noviembre de 2012

leer(te)

Cierra los ojos y todo lo que nota es calor por dentro, por todas partes, desde su cerebro hasta los dedos de los pies. Siente algo correr, galopar, joder, le están haciendo un sprint en la venas, pero no es lo de siempre, no es sangre, no es normalidad. No sabe decirte muy bien lo que es, no es nuevo del todo, pero es nuevo el que sea tan habitual últimamente. El ritual, el proceso por el que algo nuevo, sin saber cómo ni cuándo, pasa a ser rutina, costumbre, y lo mejor, importante.
Abre los ojos. Un brazo, un brazo en el que está apoyada. Lo sigue, llega a una persona, la conoce, claro que la conoce. Mira la tripa, arriba, abajo, arriba. Respiración diafragmática, eso es bueno, recuerda que le decían que te tranquilizaba, o que lo hacías involuntariamente cuando estabas tranquilo.
Miró a su cara, los ojos abiertos, mirando a un techo que no era un techo, era una carrera de pensamientos juntos, mezclados, y por la sonrisa, no del todo malos.
Ela suspira, recorre ese pecho que ya se ha aprendido de memoria con la mano, suave.
Me gusta esto, me gusta el quererte y me gusta el gustarte.Me gusta que hagamos costumbre el hacer el amor, y no la guerra.
Y así, volvió a cerrar los ojos, y tocó en los trastes improvisados de su espalda su canción favorita.




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