Meter la mano en los bolsillos y abrir una puerta. Alegrarte por las monedas, andas escaso de dinero, como siempre. Encontrar las llaves que perdiste y tuviste que hacerte otras. Los botones que se le cayeron. Y al final del todo, los sentimientos que se te habían olvidado, el frío calándote los huesos y el vaho saliendo de tu boca. Las tardes que se convierten en noches, el refugiarte en alguna cueva. El chocolate caliente, las risas con bufanda. Los enfados tontos, las risas sinceras. Los labios morados, las tiriteras. La lluvia. Las lágrimas. Las carcajadas. Los vendavales.
El invierno.
La rutina.
El principio del ciclo atado a las ganas de acabarlo.
El avanzar.
El madurar.
El abrir los ojos.
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